Ribadeo Antiguo

Antiguo

El plano medieval de Ribadeo tiene su eje central en la calle de los Ares (hoy eje de las calles Antonio Otero- Viejo Pacho) que unía el puerto de Porcillán con la puerta de la muralla que daba a la Plaza de España. En ella confluían el resto de calles, ya que la población solo contaba con dos accesos a la ría: a través de esta calle a Porcillán y a través de la calle Ibáñez para Cabanela.
Se desarrolló un segundo eje, paralelo al anterior, el de la calle Amando Pérez. Aquí construyeron sus casas ricas hidalgos y comerciantes que convivían con marineros y artesanos. El resultado es un conjunto urbano diversificado que combina pazos urbanos con sencillas construcciones.

Los Orígenes

La existencia del núcleo de Ribadeo se remonta por lo menos al siglo IX, época en la que se tienen las primeras noticias de este puerto, pero es realmente a partir de comienzos del siglo XII cuando empieza verdaderamente el desarrollo de la villa y por lo tanto de su casco histórico. Es a partir de este momento cuando Ribadeo fue adquiriendo los elementos propios del ámbito urbano, llegando mismo a ser sede de la diócesis de Mondoñedo a finales del siglo XII.
Durante esa época comienzan a aparecer los primeros edificios de interés en esta plaza. Así, se construye la Colegiata de Santa María do Campo (desaparecida) y posteriormente, en el siglo XIV, los Conventos de Santa Clara y San Francisco, reconvertido en la actual Iglesia Parroquial.

Los Condes

En este mismo siglo pasa a convertirse en condado y, por lo tanto dejando de estar bajo jurisdicción real. Hoy en día este condado forma parte de la Casa de Alba.
Se construye la fortaleza o castillo, en el solar que actualmente ocupa la Torre de los Moreno. Estaba destinada como residencia de sus representantes y almacén de armas y munición. Aquí también vivía el alcalde de la villa. Y hubo un tiempo en el que sus sótanos sirvieron de cárcel.
Y también con la llegada de los condes se levanta la Muralla que se derribaría en el siglo XIX, al desbordar el crecimiento de la villa los límites de la misma, salvándose una pequeña parte (hoy en día prácticamente irreconocible) en la calle de la Muralla. Pero ya en el s. XVIII la muralla era percibida cómo innecesaria por el vecindario, de ahí que muchos de ellos aprovecharan las piedras para construir sus casas.

El Esplendor

El desarrollo de Ribadeo durante los siguientes siglos está directamente ligado con el comercio marítimo y con el desarrollo del puerto. Esta actividad comercial fue tan intensa que provoca el asentamiento de numerosos comerciantes y armadores en la villa, los cuáles van a transformar el casco histórico construyendo nuevas viviendas.
De este modo, en las hermosas calles de la villa se concentran una mezcla de conjuntos arquitectónicos entre los que se encuentran casas populares de artesanos y marineros junto con otros edificios de mayor rango que testimonian su pasado floreciente. En muchas de ellas la hidalguía ribadense hizo un amplio uso de los blasones, escudos que mostraban su linaje de ascendencia, colocándolos como elementos identificadores y ornamentales en sus residencias y viviendas.

El Resurgir

El intenso tráfico comercial propició la instalación de una aduana (s. XVIII) en este puerto, que llegó a ser la tercera en cuanto a volumen de recaudación del reino de Galicia por detrás de las de Coruña y Ferrol.
Ya a principios del s. XIX se gravaron de nuevo las importaciones de lino y comienzan a invadir Galicia los tejidos de las nuevas fábricas catalanas o de Europa del Norte. A este revés se une que las principales casas armadoras no se sumaron a la innovación tecnológica con la llegada de la navegación a vapor. A partir de ahí se produce un fuerte resentimiento de las actividades comerciales y, por lo tanto, también el declive económico de la villa.
Con todo, en el siglo XX el comercio marítimo en Ribadeo vive un resurgimiento gracias al proyecto desarrollado para explotar las minas de mineral de hierro de Vilaoudriz, en A Pontenova.

Descubre

Hoy, el casco histórico de Ribadeo es una zona ideal para pasar una jornada de compras por los diferentes negocios de la villa al tiempo que se pasea por sus singulares calles.
Además, también es una magnífica opción para ir de tapeo y disfrutar de la gastronomía de Ribadeo.